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2/4/09

La clausula de lo portadores del ojo de dioses (Apéndice)

Pese a ello, y lejos de que les fuera ofrecida algún tipo de inmunidad, debían cumplir castigo por las faltas que sobre estos hubieran de pesar. La única diferencia es que en según que casos se purgaban de otra forma. En éste en concreto podría serle aplicada la mayor de las penas que se le infringía a uno de los escogidos, la cual no era otra que la muerte social.
Durante un ritual que ha de allbergar cierta similitud con el que se le realiza a los enemigos de la Fe en el que se procede a la excomunión antes de darles muerte ; estos son desposeídos del don, previa amputación del brazo que posee la marca, de este modo, le es restituida parcialmente su humanidad. Y a excepción de dicha fe, se les obliga a dejar atrás todo aquello que de alguna manera estuviera ligado a cualquiera de sus vidas pasadas.*
A cambio del cumplimiento de estos requisitos se les ofrece un nuevo comienzo privado de dignidad, en el que habrán de dedicarse íntegramente a la redención.

A pesar de su escaso numero, pueden hallarse en alguna de las colonias más alejadas del continente, algún que otro sacerdote que, lisiado y relegado de cargo, deambula cumpliendo sus muchos quehaceres. De este modo la indirecta exposición de su vergüenza es menor y habrá de estar mejor avenida, debido al hecho de que sólo habrá de hacerse extensible a los escasos desconocidos que compartan con él este recóndito lugar por motivos similares. Y si por algún casual alguien cometiera la indiscreción de preguntar por él, al tomar conciencia de su prolongada ausencia o incluso sabiendo de su paradero, o hubiera de aludir a su persona, se haría referencia con visible severidad que aquel que portó del ojo de dioses ha muerto.

*(2) N. del autor: Cuando un aprendiz toma los votos pierde todo vínculo con sus orígenes y familiares empezando desde cero una nueva vida; y del mismo modo ocurre con los que son desbeatificados.

14/2/09

El ojo de dioses

Cuando un acólito alcanza el grado de espiritualidad necesario para convertirse en paradigma de virtud, cambia no sólo el concepto que se ha de tener de él, sino que se amplían sus obligaciones para con La Orden al poder ser utilizado por los dioses como un instrumento que, tras ser afinado con los años, hubiera llegado a adquirir una mayor fiabilidad y precisión. Es por ello que además de estar llamados, como el resto de los acólitos, a establecer donde quiera que el destino hubiera de encaminarlos, La Palabra, (una Palabra que era predicada o impuesta, dependiendo de lo propicias que las circunstancias se mostrasen, para una u otra labor) han de consagrarse, durante el resto de su existencia, a ejercer de mediadores, ministros de causas y encargados de designar aquello que habría de ser conveniente que los dioses observaran con especial atención a través de ellos.

A estos ortodoxos sacerdotes se los marcaba con un llameante sol negro preñado de ojos. Cada uno de ellos estaba destinado a representar una deidad, y diferían en tamaño a razón de la importancia que como tal tuvieran dentro de la jerarquía de divinidades. El símbolo que los acogía estaba engarzado entre ramas sin hojas que se extendían hasta la punta de sus dedos, nacidas de un fornido tronco que bajaba por su muñeca hasta un antebrazo donde surgían gruesas y nudosas raíces que desde el exterior horadaban la tierra, aferrándose a ella para así obtener el sustento y la firmeza necesaria.

Pese a ser tratarse de un distintivo inusual, podría encontrarse tras algunos de aquellos guantes que cubrían la palma izquierda de varios mandatarios y altos cargos eclesiásticos, siendo éste un signo que había de representar a los ojos del hombre la más estrecha comunión que pudiera existir con los dioses. Una vía directa usada para apelar a ellos y poder mostrarles, desde el ojo de dioses, cuanto de malo hubiera de acontecer en presencia de uno de estos custodios de la Fe.
El hecho de que un ojo de dioses fuera impuesto tras haberse llevado a cabo previamente el ritual de llamada, indicaba que sea lo que fuere lo que hiciera el infractor, era contemplado con especial interés por alguna de las muchas deidades conjuradas a través de aquel singular estigma de la Fe.

24/12/08

Apéndice Part 2 Cap 5 (1)

LEYES DE LA HOSPITALIDAD

Dictan las leyes de hospitalidad que todo anfitrión debe consagrase a la seguridad de su huésped. Y para velar por ella, éstos se verán rodeados en cada momento por aquellos cuya lealtad hacia su casa natal estuviera libre de tacha, quedando para servir eventualmente a los distinguidos miembros de una casa vecina. En el caso de que dicho huésped se viera dañado en modo algún durante la estancia, los encargados de velar por su seguridad serían castigados en consecuencia. De esta forma se acallaría el posible rumor popular que indudablemente habría de despertarse, al tiempo que evitaría que el nombre de la casa o sus intenciones pudieran quedar en entredicho. Del mismo modo, y para reforzar el compromiso y alejar toda duda es costumbre que tales cargos sean ostentados en relación a la importancia del huésped, por lo que ha llegado a darse el caso de que las escoltas estuvieran conformadas por capitanes de la guardia, hijos de éstos, o inclusive por herederos de la casa anfitriona.

9/9/08

Apéndice Part 2. Cap 2. (2)

LA MUJER

Toda nacida mujer es concebida para pertenecer únicamente al que estuviera llamado a ser su señor. Cualquiera de ellas que incumpliera dicha norma abandonándose a los impúdicos sentimientos de los que se nutre la lascivia, y viéndose por ello arrastrada a los brazos de otro hombre, transgredirá, con la indignidad de su hiriente deshonra, los principios básicos de la existencia misma. Toda la que sea desenmascarada en indecorosa actitud quedará marcada para siempre, porque no existe manera alguna de expiar tan grave pecado. Deberá ser tachada de adúltera, y repudiada hasta el fin de sus días por cuantos rijan sus pasos por los senderos que nuestra fe establece.

Solo aquéllas que fueron consagradas al templo de la fe habrán de yacer con más de un hombre; porque no nacieron para servir a hombre alguno, sino a una causa que por encima de ellos se encuentra. Ellas serán la tierra fértil de la que brotará nuestra simiente, las orgullosas madres destinadas a engendrar el fruto de una nueva generación.

30/8/08

Apéndice Part 2. Cap 2. (1)

A MI YO NIÑA


Las incontables vicisitudes acaecidas en la guerra se cebaron en la incesante mezcolanza de unas emociones que, aún recién nacidas, brotaban de él con la fluidez de un manantial inagotable. Y fue así como quiso el destino posarse sobre este muchacho para acabar de esculpirlo, infligiéndole la nueva forma con la rudeza de unas manos que, ajenas a todo sentimiento, quebraron esperanzas y sueños que hasta entonces no le habían permitido verse a sí mismo con total claridad. Pero siendo pasto de una angustia que le impedía aceptar la negación de sus deseos, permaneció a merced de innumerables penalidades que lo modelaron con dolor; hasta que terminaron por transformarlo en lo que ahora era. Solo su voz y sus ojos se mantuvieron inmutables al paso del tiempo, como los únicos vestigios de una pasada apariencia que subsistía fiel al recuerdo que de aquel niño guardaba. Y ese día descubrió que, al menos para ella, había dejado de serlo.

Iliandra

21/8/08

Apéndice Part 2. Cap 1. (2)

VETUSTAS RELIQUIAS DEL AYER

Aquellas suntuosas representaciones, las cuales estaban dotadas en su mayoría de dudosa credibilidad, encarnan la única manera que tenemos de no dejar atrás el pasado, puesto que una parte importante de los acontecimientos no ha quedado registrada en los libros debido a numerosos factores que hicieron de ellos algo escaso, desvirtuado y superfluo.


Cuando aconteció La Gran Migración fueron abandonadas bibliotecas enteras repletas de libros, que allí permanecerán para no ser leídos, quedando encerrada en ellos la historia de un pasado que hemos perdido inexorablemente. Al igual que la de otros tantos que yacerán para siempre en el mar junto a los tripulantes de aquellos barcos que naufragaron durante tan prolongada travesía.

Por otro lado, al llegar a la nueva tierra y tras la última guerra de sucesión, el analfabetismo comenzó a prodigarse incluso entre la burguesía, llegando a un punto en que prácticamente no sabían de letras más que aquellos que ostentaran un cargo político. El resto, poetas, dramaturgos e historiadores, entre los que yo mismo algún día podría llegar a encontrarme, cayeron bajo el peso de una censura que acabó con la vida que se atesoraba en cientos de volúmenes, uniéndose a ellos las de sus respectivos autores. Solo La Sagrada Orden tiene en su haber alguno de aquellos libros antiguos, además de la compilación de todo lo que aconteció desde la llegada a la isla, estando cada acontecimiento registrado y fechado por un grupo de copistas que, aún hoy, consagran sus vidas a tal propósito.




Ólonam

Apéndice, Cap 1 (1)

EL OCASO DE LOS IDOLOS


Y aquí permanecía el póstumo recuerdo, símbolo de grandes héroes de otro tiempo; como si a pesar del esplendor atesorado durante una vida de incontables gestas en la que la gallardía de sus acciones les hicieron brillar con luz propia, no merecieran más honor que el de que sus restos, de forma irreverente, quedaran expuestos a los ojos de todos, perdurando como insólitas atracciones de las que siempre podría desprenderse un curioso comentario, o la inspirar una singular historia con la que sorprender de su valor a aquellos visitantes que desde su nacimiento se hallaron exentos del menor indicio de bizarría.

Sunainen

29/7/08

Retrato que Ólonam presentó de Áldebar


Muchos son los llamados a formar parte de este compendio de indignos; y pese a estar muy lejos de ser el peor de cuantos en él se exponen, os diré que es el que más grima hubo de darme. El más banal, y el menos honroso. Un erial de principios, entregado por entero a mostrarse como una antología de mediocridades impropias de todo regente.

¡Poned atención!

¡Leed cuanto aquí esta escrito!

Porque esta es mi oda para, Áldebar “Príncipe Mercader”, actual Señor de La Casa de Bánum.

Quieran los dioses que disponga al menos de un momento para desatender su comercio o acuñar moneda, y se digne posar su mirada en este humilde homenaje. Una singular oda que con convencimiento creo merece.

¡Salve!


A ti que, comerciando con la honra de tu linaje, has tornado en circo un feudo para llenar aún más tan abultada bolsa; a ti, príncipe de mercaderes y esclavo de tu propia codicia, que muestras sin pudor la violencia de tu devoción, pese a no conocer más dios que el dinero.

¡Salve!

A ti que, lejos de toda vergüenza, expones un cuerpo templo de excesos; a ti que proclamas, con apenas una imagen, la falta de mesura y comedimiento, la escasez de voluntad y la total entrega a una opulencia con la que escupes sin miramientos en la cara de los menesterosos.

Llegado a este punto he hecho un alto, para descubrir, tras leer cuanto yo mismo hube escrito, que pese a no haber dicho poco, no dije cuanto debiere. A los dioses doy gracias de estar aún a tiempo de continuar hasta encontrarme más próximo a haceros justicia, y que el recuerdo dejado albergue cierta fidelidad.

Entre el resto de “virtudes” que cabría destacar, por empezar por alguna, está su voz; herramienta bien calibrada de la que, aún a día de hoy, se sabe valer; y con la que ofrece los matices necesarios para conseguir en cada ocasión cuanto hubiera de proponerse.

Tal vez en otras circunstancias hubiera llegado a ser un mandatario muy válido. Pero tener que hacerse cargo de la regencia tan pronto empobreció su espíritu, condicionando a un tiempo el acrecentamiento de su soberbia y la cotidianidad de su despotismo.

Es por eso que, de entre toda la gama de aquel amplio registro, fue la más áspera y desabrida vertiente la que se impuso; aunque eso es algo que ahora poco importa. Dejando atrás las posibles causas, bastará con saber que el suyo ha sido siempre un lenguaje soez e ingrato para cuantos le sirven; hombres y mujeres a los que rara vez se dirige si no es para imponerles labor o injuriarlos a cuenta de ella, sin importarle, o no, el encontrarse en presencia de propios y ajenos.

Carente del menor recato acostumbra a aplicar sobre sus subordinados el acuoso verdor de unos escrutadores ojos que entorna levemente para mirar con fijeza, como si de esta forma pudiera intensificar el inquisidor influjo que sobre los demás ejerce.

En este caso concreto, la peculiaridad que lo ha hecho diferir del resto de los que imponen el absolutismo, es que en poco varía el trato dispensado a esclavos del que ofrece a consejeros o regentes, puesto que por igual los increpa. Sin concesiones se dirige a ambos, y, elevando el tono más allá de lo permitido por el decoro, vomita sobre ellos cuanta acritud hubiera de contener. Y al tiempo que deja de manifiesto la carencia de respeto a cuantos le sirven, se entrega a hacer reiterado hincapié de su supremacía.

Pese a saber cuanto debía decir, y aquello que la gente quería o no escuchar, nunca fue buen conversador, puesto que, a tenor de su naturaleza, despreciaba también a sus iguales. Creo firmemente que en su caso nunca ha sido cuestión de jerarquías, sino el impulso de una condición cruel, a medio camino entre la insensibilidad y la necesidad de zaherir a cuantos se encontraran a su alcance la razón de que utiliza este ingrato sistema para conseguir, al precio del dolor ajeno, liberarse de mucho de lo malo que se ha ido albergando en su interior.

Cuantos hubieron de conocerlo y se han prestado a hablar de ello, coinciden en que siempre ha sido reacio a mostrar sus sentimientos, incluso más allá de lo meramente prohibitivo. Incluso cuando estos eran requeridos o necesarios. Se desconoce el motivo, pero hay quien afirma que el último reducto de humanidad expiró al enviudar, y que el pétreo corazón que mora en su pecho en ocasiones resurge y vuelve a latir cuando se halla frente al fruto de aquella unión.

Tal vez por esta o alguna otra cuestión, el rico más pobre de esta isla ha permanecido y permanece ajeno al mundo, siempre huraño y esquivo. Atribulado para sus adentros. Enfrascado en mil y una empresas gobernadas con mano de hierro; con mano de hierro pero solo, hasta el punto de que el consejo y el resto de nobles, preparados y dispuestos para acatar sus órdenes, se limitan a desempeñar tareas menores. Nada salvo lo más superfluo les es encomendado.

Desconfía, por sistema, de cuantos le rodean. Solo unos pocos, los para él más notables, gozan de una confianza que no ha de estar exenta de reservas. Y en lo que a respeto se refiere, únicamente lo siente sin concederlo por aquellos que en cierto modo comparten sus mismos dones. Y sabedor de lo que podía acarrear la cercanía de tales espíritus, tiene a bien mantenerlos lo más alejado posible.

En definitiva, y para concluir, decir que es este un hombre despierto. Un diplomático que sabe, como pocos, hacer buen uso de su mano izquierda. Un cortesano que, dados los tiempos que corren, ha caído en la cuenta de que la discreción está llamada a ser un poderoso aliado, un preciado salvoconducto al que aferrase mientras discretamente crecen sus recursos sin despertar sospechas o incomodidades.

He aquí mi retrato de un gigante que crece sin detenerse, ajeno a nuestro conocimiento, y junto a él la advertencia que muchos conocen pero todos ignoran:
“Llegará el día que salga a la luz cuanto se incuba en silencio. Y ese día, vasallos, señores y la misma Orden, conocerán el temor".

N. autor:Extraído de “Algunas verdades palpables que nadie se atrevió a decir”, del capítulo titulado, “Engendros de luz”, en el que acomete abiertamente contra algunas de las más célebres figuras del panorama político.

27/7/08

Apéndice Part 1. Cap 2. (2)

PALABRAS DEL LIBERTADOR


Enclaustrados vivimos a la sombra de un pasado incierto, respetando las tradiciones inmemoriales que ahondaron en nuestro espíritu como fuertes raíces que hace algún tiempo comenzaron a pudrirse.

Nos atenemos a efímeros recuerdos de prosperidad que nos negarán toda grandeza venidera.

El pueblo necesitado desea mitigar su hambre alimentándose con la savia de nuevas ideas.

Si no conseguimos romper con estas pautas tan firmemente establecidas y avanzar a la búsqueda de nuevas soluciones a problemas nuevos, soñar con nuestro pasado será el único motivo de alegría...

25/7/08

Apéndice Part 1. Cap 2. (1)

CAZADORES DE SALÓN



No había tregua en este singular frente donde sin descanso se libraban cruentas y encarnizadas luchas, las cuales estuvieron siempre privadas de la sinceridad y el honor, por resultar este un lastre demasiado pesado en el ascenso hacia una posición social ventajosa.

¿Cuántos hubo que, para elevarse, reptaron por los cadáveres de reputaciones tiempo atrás mancilladas de ilustres personajes ya olvidados, pues perecieron sobre aquel fastuoso y cruel campo de batalla de miradas y sonrisas?

Armados todos ellos con su ingeniosa maldad se disputan la supremacía de sus familias, convirtiéndose en enemigos declarados de cualquier miembro no perteneciente a su casa, hiriéndose con lenguas afiladas e impregnadas en un veneno segregado a partir de la envidia y el odio contenido en la negrura de sus almas, con el que arrancar secretos, desvelar confesiones o conocer las debilidades de las presas que se propusieran abatir.



Ólonam.

20/7/08

Apéndice Part 1. Cap1. (1)






MATICES (Apéndice)

Hacía ya tres días que el niño comenzó a apagarse lentamente, creció su lasitud y le abandonó la visión. Fue entonces cuando, pese a la ausencia de dolor, tuvo miedo. Pero este se vio prontamente atajado por aquella borrosa sombra que, recostada sobre él, le hablaba con una dulce voz que en nada difería de la de su madre, la cual le refirió, con parsimoniosa quietud, una historia que, por su proximidad, perduraba en el recuerdo del niño. En ella se hacía mención de su abuelo recientemente fallecido, y de cómo había tenido que apartarse de ellos. Le contó que este fue tan bueno durante el transcurso de su existencia, que los dioses tuvieron a bien llevárselo para convertirlo en una estrella.


Solo cuando este hecho fue referido, la dama se dispuso a seguir. Y mientras retenía con estoicismo el mar de lágrimas que se agolpaba en sus ojos, hizo ver al infante que debía estar contento, porque ahora era a él a quien pretendían premiar; muy pronto sería una pequeña estrella que ocuparía un lugar a su diestra.

Dicha aseveración hizo que aquel muchacho esbozara una apagada y sincera sonrisa de complacencia, tras la que se limitó a preguntar haciendo acopio de sus exiguas fuerzas: “¿Yo, al igual que el abuelo, no podré regresar?” A lo que la madre respondió: “No será necesario, ángel mío, tu padre y yo iremos muy pronto a verte”. Y satisfecho con la respuesta cerró los ojos, entregándose dulcemente a la muerte.

Aun cuando la vida se apagó del todo, hubo de perdurar plenamente en su rostro la luz de una expresión fruto de la más cándida inocencia.