25/11/08

Al despertar la llama de sentimientos dormidos, 4º pasaje, Cap 4

«Quiere hablar y apenas le salen las palabras del cuerpo. Percibo como a cada instante el cerco se va cerrando sobre él, al verse emboscado férreamente por sus propias emociones. Es un acólito joven, con apenas trazas que denoten determinación. Está claro que pese a ser símbolo de ley carece de redaños. No posee más que esa mascara inútil; incapaz de impedir que se muestre a mis ojos su confusión. Sus insuficiencias tienen a bien allanarme buena parte de un camino que de otro modo se mostraría intransitable. Debo insuflar en ese apocado espíritu, a todas luces maleable, convicción de tranquilidad y silencio, algo que carecería de complicación si Sionel no hubiera tomado a bien convertirse en antagonista de todo vestigio de quietud. Tal habrá de ser la persuasión y el encanto que derramaré sobre él, que no será capaz de percibir más presencia que la mía».

―Del mismo modo, debo pediros a vos que nos disculpéis por alterar la ronda. No sabéis cómo lamento ser el origen de vuestra turbación sin un motivo que así lo justificara.

Quedad tranquilo, pues esta acalorada discusión de viejos amigos ha sido zanjada. Y podéis, si así lo creéis conveniente, seguir con la guardia. Os doy mi palabra de que en breve abandonaremos el jardín y no os molestaremos más. Nos iremos esperando que a causa de este desafortunado percance no os dejáramos, a nuestro paso por él, el corazón henchido de cualquier sentimiento de inquietud o animadversión. De ser así ruego me lo hagáis saber para elevar una plegaria a los padres del cielo, en la que habré de pedir que vos quedéis libre de resentimiento, y que consigáis otorgar perdón y olvido a cuanto aquí aconteció.

Haciendo gala de una formalidad deliberadamente enturbiada por su fingida excitación, expuso a ambos palabras portadoras de paz y sosiego, las cuales representaban un llamamiento ineludible al sentido común.