5/7/09

Cap 11 (3)

Aún siendo conocedor de cuanto acontecía, su interés se mantuvo, estaba maravillado por la destreza de los contendientes al blandir el verbo. Y en tanto se mantenía expectante, implorando que el espectáculo se demorara cuanto fuera posible, comenzó a cavilar, al igual que el estratega que evalúa una oposición de fuerzas para decantarse por un ganador. Cada reflexión se convirtió, a su criterio, en un triunfo de la lógica, y como tales los atesoró, jactándose de cuanto creía apreciar. Creyó advertir que entre ambos contendientes habían nacido rencores que se acrecentaron con la palabra y que alentaban su entrega, haciendo que ceder no fuera una opción. Era como si hasta los más simples comentarios se tornaran ingratos, y el fluir de estos los alejaba de un acuerdo satisfactorio.