9/7/09

Cap 11 (5)

Instantes más tarde se incorporó, apreciando un murmullo que enturbiaba la unión entre el silencio y la sombra. Y todo reducto de pereza se vio desterrado cuando sus ojos fueron testigos de una verdad que no supo asumir. Pese a lo absurda o risible que dicha visión hubiera parecido en otras circunstancias, toda sensación quedó supeditada al desconcierto. Resultaba difícil aceptar el encontrar al maestro de ceremonias en actitud tan impropia. Allí estaba acuclillado e intentando cubrir con la manta su voluminoso cuerpo, como si se tratara de un chiquillo que exento de recato se entregara a sus travesuras sin que hubiera de importarle nada más. Lo apreció agitado y como sus cambios de postura arrancaban a sus labios cuantiosas quejas, todos ellos teñidos de manifiesta amargura, al tiempo que con ambas manos se friccionaba con fuerza muslos y tobillos, intentando combatir sin resultado hormigueos y calambres. Más allá de lo que indicaba el sentido común se mantenía en aquel lugar, no importándole cumplir una penitencia que para alguien como él habría de resultar especialmente severa.