26/6/09

Cap 9 (integro)

El dulzor de una mentira: Historia del Joven heraldo

INGRATA REALIDAD

Exigua fue la existencia de un esperado brote,
que apenas en contacto con la realidad murió.


Lanaiel

Al día siguiente salieron en busca de aquellos que por sus dotes de declamación y la expresividad de sus adiestradas voces ejercían de oradores, para encomendarles una importante labor. Haciendo alarde de una consumada organización se diseminaron con premura por las prefecturas de Bánum, con el precepto no solo de informar, sino de acallar y desacreditar habladurías. De esta forma se difundió la historia de lo acontecido aquella noche. Fueron sus privilegiadas voces las encargadas de adornar y convertir tan dramático suceso en un hermoso y apasionado cantar de gesta. Las que lo entonaron a modo de plegaria para enternecer el corazón del pueblo. Y juntos lloraron la pérdida del joven heraldo, muerto la pasada víspera cuando trataba de impedir que un ladrón que había franqueado los muros accediera a las estancias de los señores. Y juntos alabaron el valor y la entrega al dedicar su último aliento para alertar a sus hermanos, los cuales dieron caza al que derramó su sangre, siendo el mismo capitán de la guardia quien ajustició al criminal.

Bien acogido sea por los dioses aquel cuya lealtad le llevó a sacrificar su vida en pos de nuestra prosperidad.

Epitafio dirigido a integrantes de La Orden que dieron su vida por una causa que se estimó justa.

Así fue como esta fábula tomó cuerpo, no faltando quién tristemente embaucado se tornaba, cuando la situación era propicia, en improvisado mensajero. Un mensajero que sin gracia pero con pasión relataba tan conmovedora mentira a cuantos tuvieran a bien escucharla. Y tan prospera fue su propagación que aquel cuento llegó a traspasar las fronteras de Bánum antes de que el tiempo lo erosionara hasta matar su recuerdo. Y como cabía esperar no faltaron por parte de La Casa de Bánum alabanzas y donaciones para agradecer a La Orden que uno de sus hijos hubiera ofrecido su sangre para evitar que la de uno ellos fuese derramada.


BASTARÁ UN MOTIVO

Soy uno de los hijos desheredados que alcanzan a entrever el holocausto de una decrépita civilización en la que los valores humanos son moneda en desuso, y en la que el ser humano predica el canibalismo de la virtud. Cada día contemplo entristecido como una parte de ella perece, y la inocencia perdida adolece de realidad.

Corrompidos por la envidia los paganos adoradores del dinero cubren sus caras con grotescas mascaras de falsedad, y en mi impotencia no puedo más que odiar vuestra superficialidad y renegar de todo lo plenamente establecido, como orgulloso ateo de vuestra doctrina enferma.

Y ahora, desde donde me hallo condenado al ostracismo, me entristece confesarlo pero sé que sois el futuro, siendo esta certeza la que amargamente me hace peregrinar a la búsqueda de esa virtud, con la esperanza de encontrar entre las sobras, con que alimentar un espíritu que trata con desesperación de aferrarse a argumentos convincentes para que el mero hecho de vivir tenga sentido.


Ólonam