30/8/08

Al despertar la llama de sentimientos dormidos, 6º pasaje, Cap 1

Apremiando más de lo que debiera el paso continuó su huida, alejándose más y más de aquellas infantiles voces que, pese a todo, resonaban en su maltrecha conciencia como un grito ensordecedor; haciendo que, en este momento, se encontrase por encima del protocolo el deseo de cobijarse de unas emociones que la extenuaban. Aun así, quiso el destino que escaso fuese ese interludio de relativa calma, puesto que apenas quedó a su espalda el pernicioso influjo de los infantes volvió a sentir, al cruzar algunos recodos del camino marcados por altos setos, que a causa de la ingratitud de una inesperada visión su corazón era abatido de nuevo. Sin esperarlo se halló frente a la imagen que representaba el comienzo. Claro origen de su amargura.

«¿Cómo pude olvidarme de que a pesar de su marcha ella seguiría aquí?»

Su sofocado jadeo se vio interrumpido, como si de pronto no se acordara de respirar. Y se detuvo en seco, condenada por el desconcierto a permanecer inmóvil y absorto.

En el centro de una plaza semicircular, frente a una de las puertas principales, estaba la singular fuente que, erigiéndose en todo su esplendor, inmortalizaba con majestuosa belleza la oda a un héroe.

¡Cuántas veces colmada de admiración la contempló en el pasado! Pero en vista de las circunstancias actuales, el orgullo que sintió por ella y lo que encarnaba, se había convertido en un castigo para sus ojos. Ahora no era más que la negación del olvido. Un monumento que a modo de burla se levantaba a la traición.

En momentos como estos sobreviene la culpa incluso careciendo de ella. Se piensa en qué pudo hacerse o qué no se hizo, ante lo cual, como en aquel poema de Lanaiel, se toma conciencia de la fragilidad del amor: “Solemos descubrir demasiado tarde, que cuando no volcamos todas nuestras atenciones sobre este condenado poseedor de una salud paupérrima, termina por quebrarse en su fragilidad, y enferma progresivamente, a la espera de que le sobrevenga la inexorable muerte”.

Sobre un promontorio que emergía de las aguas se representaba, rememorando un hecho histórico, a un hombre esculpido en piedra, que mostrando un inconmensurable ardor guerrero se entregaba violentamente a la batalla. A sus pies se hallaban los innumerables enemigos que cayeron a su paso, encontrándose entre esta barahúnda de cuerpos muertos y supervivientes que imploraban clemencia al mismo Libertador humillado a sus plantas, presa de un temor ingente. Y mientras lo contemplaba pensó que tal vez eliminando todo recuerdo de su persona llegaría la quietud del olvido, como un bálsamo contra el hiriente amor, siendo la necesidad de esa tranquilidad la que demandaba se dejara llevar por los dictados de un corazón resentido que, al ser objeto de tan cruel abandono, le exigía, en un fugaz arrebato de despecho, que hiciera uso de la autoridad que tras estos muros le era conferida; conocedora de que bastaría una orden suya para hacer que demolieran la fuente. Pero en el fondo sabía que por más que intentara apartarlo de su recuerdo, tratando de desterrar todo indicio de existencia, como si fuese un mal sueño, aún quedarían en su pecho las ascuas de una pasión que terminarían por impedir que ocurriese. Porque a pesar de cobrarse su virtud, y aunque hubiera llegado a darse el caso de que aquella relación, que no fue todo lo fructífera que cabía esperar, no hubiera dejado más que los ajados retazos de su perdida inocencia, el amor que aún sentía era tal que el odio no alcanzaba a tener cabida en su pecho.

Volviendo la lógica a supeditarse al deseo, se aproximó a la fuente sin entender muy bien la razón, para permanecer sentada en los bordes que la delimitaban. Y tras un lapso de inactividad en el que se limitó a contemplar la vacía expresión que proyectaba su reflejo, un agorero pensamiento rondó su cabeza, e inquietada por él y ayudándose con dicho reflejo, comenzó a examinarse el rostro, intentando hallar con su tacto algún cambio o posible imperfección, sin poder evitar preguntarse si algo se había vuelto distinto en ella. Pero hubo de ser su corta edad la que hiciera que toda búsqueda resultara infructuosa, descartando cualquier posibilidad de poseer las arrugas o imperfecciones llamadas a llegar en tiempos venideros.

Escasos fueron los instantes que transcurrieron antes de que cejara en su empeño, y la imagen quedara distorsionada cuando renegando de ella introdujo su mano agitando el agua, al tiempo que venía a su mente una frase del tratado de Garin que se adecuaba a la ocasión: “El dolor de la más cruel mentira apenas es nada comparado con la vergüenza de una verdad que no serán capaces de asumir”.

Desde el otro lado una figura que hasta entonces se había limitado a contemplarla en su abstracción le salió al encuentro y, renegando de aquella cohibida actitud y armado con una autoimpuesta decisión, consiguió llegar a colocarse tras ella, para romper, no sin cierto esfuerzo, las barreras de una cobardía establecida por los años, al tiempo que, abjurando del protocolo se dirigía a ella, llamándola por su nombre en el mismo instante en que las cristalinas aguas se convertían en fieles delatoras de su reflejo.

4 comentarios:

Emile dijo...

Guou! Y ahí quedó?!
JAJA!! Que manera de cortar la escena, me encantó!!

Ya se veía que ese paseo caprichoso tenía alguna finalidad. Veremos que viene...

Saludos.

palabras dijo...

Buenas Emilie.

Me alegra de que te guste :)

quiero pensar que se aproxima una escena que te encantará, aunque queda un poquito. Creo que el final de el siguiente capitulo, ya me diras.

Un beso, nos leemos.

vitolink dijo...

De acuerdo con emile: buen corte.

El capítulo sigue avanzando, y por fin llega el salto, la acción. Esto vuelve a coger ritmo.

Creo que deberías usar los nombres de los personajes, para irnos familiarizando con todos. Así creo que queda demasiado vago.

palabras dijo...

De acuerdo con emile: buen corte.

Los recursos clasicos de toda la vida no suele fallar :P

El capítulo sigue avanzando, y por fin llega el salto, la acción. Esto vuelve a coger ritmo.

abrochense los cinturones que el camino es largo, y esta lleno de sorpresas. ¿Cuantos de los que estais leyendo llegaraís al final del jardín con vida ajajajaaj

Se acercan los dialogos y el destape de otras cuantas cosas,(esta es la parte que comenté que podría ser en sí misma una obra de teatro, con algunos cambios claro :)


Creo que deberías usar los nombres de los personajes, para irnos familiarizando con todos. Así creo que queda demasiado vago.

ahora empiezan a salir los nombres, se me hace raro que los presente el narrador, prefiero que lo hagan ellos mismos, además, están más que presentados, pues anda que no se hablo de ellos ni nada, jajajja.

Un abrazo, nos seguimos leyendo ;)