14/8/08

Preludio, Cap 4

Con el Rumor de su llegada: Llanto por el recuerdo de un hijo del alma.


RENEGANDO DE SU HUMANIDAD

Los sentimientos son algo nocivo, y tiendo a renegar de ellos.
Nunca he sido partidario de acogerme a nada que careciera de ecuanimidad.


Respuesta que Drunel Libornae dio cuando le preguntaron cómo se sentía por la muerte de su único hijo.

La puerta se cerró tras él, pero fueron escasos los instantes que transcurrieron antes de que volviera a abrirse y la sombra accediera por segunda vez al interior; para descubrir que, en tan breve interludio, el hombre grueso había sacado del cajón un receptáculo metálico; siendo el hecho de que este se encontrara sobre la mesa lo que enrareció el reencuentro, puesto que ambos eran conocedores de su significado, y lo que conllevaría.

Al verse sorprendido de esta forma cuando se disponía a desnudar su alma para expiar las culpas, el señor se sintió azorado. Pero a pesar de ello intentó que la vergüenza que con su inoportuna aparición le estaba haciendo pasar, no fuera demasiado ostensible. Y de igual modo la sombra trató, a su vez, de mostrarse indiferente, como si no se percatara de algo que resultaría obvio incluso para alguien menos observador.

«Ni aun siendo víctima de tales padecimientos esto sería de esperar de alguien como tú. Grande ha de ser la parte de esa desesperación que callas, y tan reacio eres a mostrarme, para que absurdamente te prestes a buscar consuelo en aquellos que, siendo patente por la escasez de marcas en tu palma, desde hacía mucho habías olvidado. ¿No entiendes que nada hallarás si tiendes la mano al aire? Ellos no son más que un concepto. El triste e infructuoso reducto de los que, a un tiempo, vagan desheredados de virtud y razón».
―Disculpad, señor, estaba tan abstraído escuchando las noticias de lo recientemente acontecido, que casi olvido mencionaros algo que creo estimaréis de cierto interés ―expuso la sombra atropelladamente, denotando, con fingida gravedad, el aparente azoramiento por su involuntaria indiscreción.

En vista de cuanto ocurrió con anterioridad, y encontrándose extenuado ante tantas emociones, el señor no lo tomó a mal, y haciendo un escueto gesto con la mano lo instó a que prosiguiera.
―Entre los invitados se rumorea que es probable que haga acto de presencia Sionel, primogénito de La Casa de Thárin ―dijo tratando de escoger bien cada una de las palabras; sin miedo, pero mostrando la debida cautela que a este asunto se confería.



TE CONOZCO

No importará lo que intentes, algunas verdades salen siempre a la luz.
Y por más que trates de esconder sentimientos,
tu corazón siempre será el fiel delator
al que no supiste enseñar a mentirme.


Súlian de Edar.

En estos instantes los recuerdos que deseaban ser olvidados salieron involuntariamente a la luz, como si de una vieja herida se tratase; una herida de la que, incluso habiéndonos visto privados del dolor por el pasar del tiempo, nos quedara el permanente testimonio de una fea cicatriz que siempre estará ahí para atestiguar lo ocurrido. La crudeza de aquel error ensució cada nombre a perpetuidad, con una mancha que siempre precedería a todo el que, directa o indirectamente, se vió involucrado en ello; siendo tal la vergüenza sentida por la gravedad de aquella falta que, aunque el noble corazón de Sionel pudiese otorgarle un perdón inmerecido, seguiría sin alcanzar una quietud que sólo el olvido le podría dar.

Igual suerte corrieron los que se vieron involucrados en el asunto, ya que de un tiempo a esta parte no se volvió a saber nada de los otros dos. Y es por ello que hubo de sentir, al ser rescatado su nombre, como si con ello se estuvieran invocando antiguos fantasmas del pasado.

―¿Él aquí? ¿En mi casa? ¿Acaso eso podría llegar a ser posible? ―preguntó el Señor de Bánum, siendo tal la enardecida satisfacción que provocó la inesperada sorpresa, que actuó como desencadenante de estas y otras preguntas que por decoro trataban de ser contenidas, consiguiendo finalmente, tras doblegar la emoción, acallar sus labios.

―¿Qué no daría por volver a tener bajo este techo la presencia de tan noble caballero? ―añadió, entregado por entero a aquella apreciación que manifestaba abiertamente la pureza de un afecto rebosante de añoranza.

«Cuán desconcertante resulta percibir en ti un estado de debilidad y aprensión que, sin tú saberlo, te gobierna a su antojo. Con qué facilidad podría doblegarse ese corazón tuyo, enfermo de pesar y hambriento de afecto, haciendo que tu voluntad quedara supeditada a la de aquéllos que ayer se deshicieron de la humanidad para mostrarse hoy ampliamente versados en el noble arte de la sugestión. Pide, cuando tengas a bien hacerlo, a esos dioses tuyos que oculten la debilidad de cada herida a esos lobos que, aun sirviéndote, mal te quieren; y agradéceles a un tiempo que el único de ellos que sabe de esta debilidad esté de tu lado».

―Vuestras palabras dejan de manifiesto la alta estima que debéis de profesarle ¿He de suponer, señor, que os encontráis por ello gratamente complacido?

―Podría deciros que casi lo he visto nacer. Y la prontitud de la petición fue tal, que a raíz del alumbramiento se acordó el matrimonio.

»Es por eso que, desde sus comienzos, me vi interesado por cada uno de los logros y progresos que iba atesorando, de los cuales no podía menos que enorgullecerme, aunque sólo fuera de un modo indirecto, al ser sabedor de lo que el futuro le había deparado ―aclaró el señor, y tras una breve pausa prosiguió―. El hecho de saber que algún día aquel joven cachorro se convertiría en mi yerno, hizo que, apenas sin llegar a darme cuenta, lo sintiera como algo mío; despertando en mí un cariño paternal ―confesó, interrumpiéndose tras estas palabras, lo que denotaba cierta congoja. ―¿Y qué más podría decirte? Sobradamente conoces el resto de la historia ―añadió con desdén, dando por finalizada la explicación, cuyo tono destilaba cierta amargura.

Después de unos instantes de reflexión, en los que su espíritu apasionado se debatió hasta conseguir dejar a un lado una ilusión que le restaría objetividad, el sentido común tomó posesión de los actos, proporcionándole la entereza suficiente para renegar de aquello que se presentaba como un sueño absurdamente inalcanzable, y del que, por todos los medios, intentaba desembarazarse, como si su instinto de conservación se manifestara en una renuncia al dolor; negándole así, la opción de alimentar una vana esperanza.

―Debemos ser conscientes de la imposibilidad de esa verdad… ¿De qué serviría engañarnos tratando inútilmente de avivar una llama que fue extinguida hace tanto?―. No sin cierta dificultad, las palabras comenzaron a brotar de él y, a pesar de la templanza que pretendía reflejar con ellas, estas sonaron apagadas y ligeramente impregnadas de una agria e hiriente resignación.

―Me resulta impensable creer que, tras haber sentido en sus carnes el amargo regusto de la afrenta que años atrás mi casa le confirió, se digne tan siquiera cruzar el umbral de mi puerta ―pensó, reafirmándose en tales creencias―. Seguramente esta noticia, que a bien veníais a darme, no será más que la pérfida ocurrencia de alguien que mucho sabe de crueldades ―añadió apenado, desestimando toda posibilidad de que Sionel apareciera.

El mutismo de esta nueva pausa duró más de lo acostumbrado, y amenazaba con permanecer invariable, hasta que lo incómodo de aquella situación instó a la sombra a convertirse en el portador de las palabras que habrían de derrocar el silencio.

«Nada me queda por hacer aquí. Está claro que en tal estado todas las puertas a la esperanza que yo hubiera de abrirte serían cerradas por tu amargura. Permanece el tiempo que estimes conveniente en este rincón que elegiste para las penurias. Y entrégate a la plegaria del fuego si te place. Ojalá consigas con tan necio proceder ese amparo que no me está permitido darte».

―Si así pensáis, señor, lamento haberos importunado con esa información sin que fuera comprobada previamente su veracidad ―dijo la sombra disculpándose con parquedad, optando con resolución por cambiar de tema lo más rápido que la prudencia le permitió―. Señor, si nada más deseáis de mí y creéis que todo queda dicho, con vuestro permiso volveré de nuevo a mis obligaciones. Mañana cuando despunte el alba partiré ―dijo, lanzando una sugerencia que no encontraría respuesta de labios del señor, el cual se limitó a asentir pesadamente en señal de conformidad. En vista de esto, la sombra se despidió por segunda vez con una profunda reverencia; y cuando se disponía a abandonar el recinto, se vio una vez más detenido en el umbral de la puerta, acatando con presta fidelidad el repentino mandato.

―¡Esperad! ―solicitó el señor con una agitación carente de marcialidad; como si, armado únicamente con cobardía y recato, hubiera podido extraer de la conciencia más palabras de las que debieran ser proferidas por el decoro, mientras se ahogaba inexorablemente en una angustia que sofocaba su respiración.

―Si él apareciera…― y el mensaje cesó, dando paso a un mutismo que lo decía todo. Por más que quisiese, no habría logrado expresar su pensamiento con mayor claridad.


MÁS ALLÁ DE TODA VERDAD

Aún ahora, tras rememorar lo tristemente acontecido, habían quedado impregnados en su voz apagada y marchita los vestigios de una ilusión que, instantes antes, vio doblegarse y morir bajo el peso de una lógica aplastante; y fue la imposibilidad de darla por perdida, lo que nunca le permitiría rendirse a una palpable evidencia.

Lanaiel.

2 comentarios:

vitolink dijo...

Bien, bien. La trama crece y se vuelve más interesante.

Aunque, no me cuadran las citas 2 y 3 del texto. Me sobran. La primera ayuda a definir el carácter que las emociones juegan en la sociedad que has creado: algo que parece reprovable en las clases superiores. El resto de citas no amplia información o da matices, distrae. La reflexión está en la voz en en off (que insisto, mejor en cursiva), y en mi opinión no le restaría protagonismo.

¡Seguimos a la espera de nuevos capítulos!

palabras dijo...

Buenas de nuevo chavalote ;)

Quiero pensar que vas a tener razón en lo de las citas, mejor quitarlas y dejarlas para una parte en la que venga un poco más a cuento.

En ocasiones,las pongo por afinidad con el sentimiento que se expone,pero creo que aún tendré que afinar más con ellas.

Gracias por el apunte. En cuanto a lo de cursiva, quise comentarlo ayer en la tertulia y se me pasó, no sé si se llegaría a confundir con las citas o algo, así y sonn bastante que cambiar para hacerlo a la ligera y luego darse cuenta de que no es adecuado.

Un abrazo, nos leemos ;)

PD: mando el final de la parte un en breve, ya me diras que tal el cierre ;)