23/3/09

7º pasaje, cap 7

En apenas un instante se vio mortificado por un significativo número de especulaciones que terminaron por convertirlo en la víctima de su propia desazón. Instante en que la ausencia de seguridad disfrazó la duda de realismo, y arrastrado por esa sensación contempló con ojos derrotistas las escasas posibilidades de salir airoso. Mas aún al corriente de cuantos impedimentos, justificados o no, se amparaban en dicho realismo, era una batalla que no podía eludir. Y es por ello que acunados los temores de tan maltrecha conciencia se entregó a su deber, a retomar los pasos que habrían de llevarlo a recorrer la senda, siendo lo más insólito del retorno el encontrar en la adversidad un poderoso aliado. Sólo la aprensión al ridículo y el odio que le profesaba por lo que le hizo sentir, le insuflaron las fuerzas para mantenerse firme en tan desfavorable circunstancia. Circunstancia ante la que optó por acogerse a los dictados de la fe, juzgándolos una verdad incuestionable.

―En las sagradas escrituras, como supongo sabréis, nos es revelado que, exceptuando a los ilustres padres de nuestra Fe, todos somos iguales ante los dioses ―respondió, obligándose a mostrar la tranquilidad del que posee una total convicción.

Garin encajó la impersonalidad de aquella cita costumbrista con una socarrona sonrisa, sonrisa que, al tiempo que reflejaba su desacuerdo, exponía un mudo reproche.

Tras de aquello, Garin lo invitó a apartarse del resto. Dado el cariz que el asunto empezaba a tomar, optó por otorgarle la privacidad que como tal requería.

«La pobreza de tu alocución no hace más que corroborar cuán próximo estas de la caída. Estoy cerca. Apenas derribar unas cuantas barreras y tu voluntad quedará supeditada a la mía».

―Sobradamente conozco y respeto lo escrito en los sagrados textos, mas supongo que coincidiréis conmigo en que al igual que lo que nuestra doctrina nos dicta, existe una jerarquía que va unida a la ley de los hombres, y que también estamos obligados a acatar. Vos, al igual que yo, conocéis dichas leyes, y es por ello que confió en que entendáis lo que voy a deciros sin que creáis ver en mis palabras el más leve indicio de herejía: Sería conveniente que os pararais a pensar que no serán los dioses, ni los santos padres los que habrán de juzgaros. Os digo esto porqué a lo largo de la conversación he podido recolectar evidencias más que suficientes para confirmar, sin temor a errar en mi criterio, el grado de conocimientos con el que contáis en lo que se refiere a los parámetros a seguir a la hora de dictar las leyes. El cual ha demostrado ser lo bastante amplio como para que no supierais cuán contraproducente sería exponer íntegramente el caso. La escasez de dudas en lo que a este asunto se refiere me impide, valiéndome del raciocinio, concebir el enfoque que le queréis dar ―dicho esto, el cortesano hizo un alto en el paseo que fue secundado por su acompañante; y pese a ser inducido por distintas razones, este hecho propició que ambos se buscaran con la mirada, y cuando esto tuvo lugar el anciano volvió a dirigirse a él.