27/3/09

9º pasaje, cap 7

―Agradezco la atención prestada a mis circunstancias, mas no olvidéis que estáis aquí para defender a vuestro tutelado. Es por ello que os recomiendo que os limitéis a cumplir con dicha labor, y obviéis lo que yo hiciera o dejara de hacer. Me basto y me sobro para entender y asumir mis faltas, y cuando llegue el momento no tendré reparo en responder ante quién deba hacerlo.

»¿Me he expresado con suficiente claridad? ―inquirió el heraldo, desplegando cuanta arrogancia se vio condicionado a exteriorizar. De esta forma le negó el proferir palabras que, pese a lo hiriente de su influjo, no traían más que sinceridad, siendo su incesante exposición a ellas lo que propició que volviera a aflorar aquel instinto adormecido. Un instinto que estuvo condenado a asentarse sobre los cimientos de aquella irremisible sensación de impotencia. Y sin que se percatara de ello, el rencor guió subconscientemente la mano que hubo cernirse sobre la empuñadura de la espada con una firmeza del todo impropia.

«¡Me amenaza! ¿En verdad vas a sucumbir tan pronto? Ni tan siquiera eres consciente de lo próxima que está tu voluntad de romperse. La siguiente embestida habrá de decirme con relativa certeza cuán cercano te hallas del abismo».

―Viendo que me habláis de ese modo, no puedo evitar preguntarme si en realidad sois consciente de las repercusiones que podrían haberle sido atribuidas a la consecución de unos actos que gracias a mí providencial intervención no fueron llevados a cabo, ya que, por varias razones que no habré de enumeraros, no sólo habría imperado la carecía de sentido común, sino que como tal atentaría contra él directamente. Vos mismo, sin pretenderlo, habéis estado a punto de atentar, con una gravedad difícil emular, contra esa misma fe que con viveza defendéis. ¿Os habéis parado a pensar en cuantas veces mayor habría sido el pecado de dar muerte al portador de un edicto, que el de que éste, por las razones que fueran, se hallara en un lugar indebido? ―preguntó el anciano, con palabras que se disiparon en un silencio que trajo consigo una acompasada negación. Y siguió hablando, aun sabiendo que no encontraría respuesta alguna.