16/6/09

9º pasaje, Cap 8

―Dirigían…nuestros actos. Sin saberlo…cumplíamos…su mandato. Tal vez ella…no me odiara, ni él…tuviera en…realidad…intención de matarla ―aseveró radiante, inmerso en una certidumbre enturbiada por el tono de su voz y el halo de delirio que acompañaba las expresiones de su macilento rostro. Mas a causa de la inesperada confesión la angustia se relegó a un segundo plano. Quiso el destino que la conciencia de aquel portador sintiera la punzada de un deber, que silenció todo el reducto de lástima que en su inquisidor corazón se albergaba.


IMPUREZAS DE TODO SER


La condición humana es lo más sucio e infame que tenemos. Una lacra que resulta tan indigna como necesaria, porqué ésta, de algún modo, impide que olvidemos nuestra insignificancia; la completa imposibilidad de una perfección que siempre nos estará negada. Este estigma que nos limita y en ocasiones nos condena representa los largos tentáculos de los que se vale el instinto para conduciros a la perdición. Toda ella no es más que un cúmulo de mediocridades y defectos, con los que habremos de lidiar hasta el fin de nuestros días para evitar que emerja lo execrable de nuestra mera mortalidad.

Extraído de una charla que Lábir Slohiun, uno de los alistadores eclesiásticos encargados de recolectar a los niños para La Orden, daba a un grupo de futuros acólitos al completar el primer semestre de aprendizaje.

2 comentarios:

Sharly dijo...

Vaya palabras te he pillado un error de verdad. Cuando dices:
vale el instinto para conduciros

Debería decir: vale el instinto para conducirnos.

Antes y despues, el reclutador habla de nosotros, sin embargo usas conduciros como si en esa frase sólo hablase de vosotros. ;)

Ángel Vela (palabras) dijo...

¿todos los anteriores eran de mentira? ejejejee

Cuando mi cerebro vuelva de estas vacaciones que parece estar tomandose sin avisarme me lo miro.

Gracias coleguilla.