8/12/08

Al despertar la llama de sentimientos dormidos, 9º pasaje, Cap 4

Tan sumidos se hallaban en el póstumo desenlace de aquella irracional trifulca, que no se percataron de que numerosas antorchas se arremolinaban a su alrededor, como un abundante enjambre a la espera de caer sobre ellos en una fugaz y mortífera embestida. Sólo el silencio que acompañó al cese de las hostilidades permitió a Iliandra y Sionel, oír como un coro de espadas irrumpía al salir al unísono de sus respectivas vainas, marcando la obertura de una triste sinfonía, sinfonía cuyos acordes hacían presagiar un efímero final.

Ambos retrocedieron, tratando de retrasar absurdamente la inminente consumación de tan lacónica existencia, mas la escasa esperanza atesorada en la brevedad de esta huida desapareció, cuando sendas espaldas se encontraron con los desesperanzadores muros que delimitaban el jardín.

A pesar de la aplastante superioridad numérica, estos ocasionales sicarios de la muerte demoraban la consecución de su obra, limitándose a acortar distancias en un cauteloso avance. Fue entonces cuando el caballero, desoyendo protestas y objeciones por parte de la dama, hizo uso de la fuerza para anteponerse a ella. Y con tal vehemencia se vio impulsado a preservar la vida de la mujer que amaba, que llegó a olvidarse de sus consabidos deseos de perecer, siendo esta inusual manera la elegida por destino para que, subconscientemente, demostraran con su proceder que nada podía tener más sentido para ellos que la existencia del otro.