26/12/08

Al despertar la llama de sentimientos dormidos, 3º pasaje, Cap 5

Al igual que en circunstancias anteriores, cada vez que había un altercado, sea cual fuere el motivo, quedaba de manifiesto la rivalidad de ambos grupos, levantándose antiguas ampollas de un rencor asumido con dificultad. En aquellos instantes, todos luchaban por contener el desenfrenado latir de corazones rebosantes de acritud. El rápido fluir de la sangre les aceleró la respiración, propiciando que todo aire resultara insuficiente, como si la misma tensión que los envolvía lo hiciera cada vez más y más denso. Y fue cuando el enfrentamiento comenzó a perfilarse como algo próximo, que surgió de la escolta aquel hombre de distinguidos ropajes que avanzó hacia Sionel, mostrando una altiva severidad tras la que arduamente logró contener una rabia interior que ardía en deseos de manifestarse, para exigir la vida de cuantos frente a él se encontraban, puesto que esta estupidez colectiva podía haberle costado la suya propia. Pese al sentir median escrupulosamente las palabras, sabedores de las consecuencias que dichas disputas podrían acarrear.

Avivándose en muchos de los recién llegados las palabras que componían el juramento vigente desde el primer concilio de la segunda era, al que se consagraron para reafirmar su convicción: “Salvaguardaré con mi honor la integridad del invitado, haciéndome tan valedor de ella como si la ajena fuera propia. Todo el que incurra en falta alguna para con mi tutelado, me convierte en campeón de su causa. Y juro, aquí y ahora, dar muerte si fuere necesario a todo el que atente contra lo que hubo de ser dictado, mientras este vínculo mantenga su vigencia”.