16/12/08

Al despertar la llama de sentimientos dormidos, 13º pasaje, Cap 4

Donde solo tenía cabida un lamento aguardaban dos almas, ya que el mismo acto que habría de condenar a la mujer, abriría para el caballero las puertas de una ansiada liberación. De esta forma, y aún en la llegada de tan inclemente desenlace se le concedía una gracia, morirían juntos mientras la estrechaba entre sus brazos.

Y pese a que sus ansias de posesión no se vieron mermadas en ningún momento estaba cansado, cansado de ver como aquel furtivo amor, huérfano de toda esperanza, se alimentaba como podía de los exiguos despojos que de cuando en cuando se desprendían de una imaginación incipiente, cuya razón de existir no era otra que brindarle, como único auspicio, aquel contrahecho teatro de sueños en el que la realidad se disfrazaba con grotesco idealismo para lograr inconscientemente que una antigua herida se mantuviera abierta, impidiendo así que se ejerciera, con la sutileza acostumbrada, el favorable influjo que sobre los hombres suele producir el pasar del tiempo. Mas sería este mismo amor el encargado de distorsionar dicha realidad, hasta el punto de conseguir que la muerte quedara subyugada, que perdiera ese usual halo de importancia que solía conferírsele, llegando a convertirse en algo tan superfluo e insustancial que fue relegado del pensamiento. Y mientras aguardaba placidamente, en mitad de un insondable océano de tranquila irracionalidad, el advenimiento del fatídico instante en el que sus cuerpos serían privarlos de sangre al ser atravesados por una veintena de espadas, se limitó a posar sus ojos en ella, y al hacerlo descubrió sorprendido cuán propicia resultaba para él su indefensión, la accesibilidad de unos labios que, aún en su pasividad, parecían implorar con fervor atención y ternura.


SUPEDITADOS A MENTIR


No somos más que recipientes, llamados a albergar sentimientos que van y vienen. Podemos aprender a ocultarlos, mas no evitar que afloren en nosotros.
De nada sirve renegar de ellos, porque cuando se es esclavo de una pasión, la voluntad siempre terminará sucumbiendo al deseo.

Pensamiento enviado a los dioses en un ritual de purificación por Ólonam